En nuestra sociedad se alaba a los más insignes escritores, se los premia
y homenajea. Se condecora y agasaja a los académicos, a quienes se dice
admirar. En buena lógica, se esperaría que se los tomara como ejemplo. Al
contrario. En este sacrosanto país cada cual sigue hablando y escribiendo
torpemente y con abundantes zancadillas a las gramáticas, los diccionarios y
los libros de estilo; sin visos de consultarlos jamás.
Más bien se muestra pertinaz autosuficiencia y escasa
humildad.
Los ciudadanos escuchan explosiones como si se pasaran el
día y la noche con el oído atento para ver quién ocupa el lugar del primer
testigo y lo entrevistan antes en televisión. A las cuatro de la madrugada, si
no se duerme —o al menos se intenta— se escucha la radio, se oyen los ruidos
urbanos o rurales y, a veces, como en Gaza, también explosiones.
Por desgracia, oímos demasiados tubos de escape; en cambio,
los mecánicos se ganan la vida escuchando el ruido de los motores. No resulta
creíble que desde allí se escucharán bien los discursos. No se pueden anticipar
voluntades anónimas y generalizadas. Escuchar no es facultativo sino
voluntario. Lo único previsible es la acústica de un espacio, pero no la
actitud del oyente, de la que no sabremos nada hasta que él mismo nos informe.
De igual modo, ¿Me escucha ud. bien? presupone que la atención del interlocutor
al otro lado del teléfono puede no ser la adecuada o deseada, lo que es una
incorrección. La respuesta podría ser lo escucho con todo interés, pero no lo
oigo bien por las interferencias.
En no pocas sesiones parlamentarias y ruedas de prensa se
pide que el presidente del Gobierno cese a algún ministro, cuando debería
solicitarse o exigirse simplemente su cese o su destitución; porque, al igual
que dimitir, no lleva complemento directo. Un individuo cesa en su puesto o
cargo porque dimite, se jubila o lo destituyen. También es frecuente que se
baraje la posibilidad de..; ¡pero si todos los jugadores de mus saben que no se
puede barajar una sola carta! Y se debate sobre el juicio a los presuntos
culpables de algún delito, olvidando que en un Estado de derecho, por fortuna,
se ampara la presunción de inocencia no la de culpabilidad. ¿O es que vamos por
ahí asumiendo que todos nuestros conciudadanos son criminales? ¿Ya no es verdad
que todo el mundo es inocente hasta que se demuestra lo contrario? ¿Por qué no
decir supuestos culpables hasta que el juicio se celebre? Tampoco se cansan de
lanzar acusaciones o reproches del tipo: desde que ud. detenta el cargo,
señoría, está insultando permanentemente.
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