jueves, 22 de mayo de 2014

La degradacion.

En nuestra sociedad se alaba a los más insignes escritores, se los premia y homenajea. Se condecora y agasaja a los académicos, a quienes se dice admirar. En buena lógica, se esperaría que se los tomara como ejemplo. Al contrario. En este sacrosanto país cada cual sigue hablando y escribiendo torpemente y con abundantes zancadillas a las gramáticas, los diccionarios y los libros de estilo; sin visos de consultarlos jamás.
Más bien se muestra pertinaz autosuficiencia y escasa humildad.
Los ciudadanos escuchan explosiones como si se pasaran el día y la noche con el oído atento para ver quién ocupa el lugar del primer testigo y lo entrevistan antes en televisión. A las cuatro de la madrugada, si no se duerme —o al menos se intenta— se escucha la radio, se oyen los ruidos urbanos o rurales y, a veces, como en Gaza, también explosiones.
Por desgracia, oímos demasiados tubos de escape; en cambio, los mecánicos se ganan la vida escuchando el ruido de los motores. No resulta creíble que desde allí se escucharán bien los discursos. No se pueden anticipar voluntades anónimas y generalizadas. Escuchar no es facultativo sino voluntario. Lo único previsible es la acústica de un espacio, pero no la actitud del oyente, de la que no sabremos nada hasta que él mismo nos informe. De igual modo, ¿Me escucha ud. bien? presupone que la atención del interlocutor al otro lado del teléfono puede no ser la adecuada o deseada, lo que es una incorrección. La respuesta podría ser lo escucho con todo interés, pero no lo oigo bien por las interferencias.

En no pocas sesiones parlamentarias y ruedas de prensa se pide que el presidente del Gobierno cese a algún ministro, cuando debería solicitarse o exigirse simplemente su cese o su destitución; porque, al igual que dimitir, no lleva complemento directo. Un individuo cesa en su puesto o cargo porque dimite, se jubila o lo destituyen. También es frecuente que se baraje la posibilidad de..; ¡pero si todos los jugadores de mus saben que no se puede barajar una sola carta! Y se debate sobre el juicio a los presuntos culpables de algún delito, olvidando que en un Estado de derecho, por fortuna, se ampara la presunción de inocencia no la de culpabilidad. ¿O es que vamos por ahí asumiendo que todos nuestros conciudadanos son criminales? ¿Ya no es verdad que todo el mundo es inocente hasta que se demuestra lo contrario? ¿Por qué no decir supuestos culpables hasta que el juicio se celebre? Tampoco se cansan de lanzar acusaciones o reproches del tipo: desde que ud. detenta el cargo, señoría, está insultando permanentemente.

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