jueves, 22 de mayo de 2014

¿Cuánta gente habla bien el español?

Es obvio que todas las lenguas evolucionan. Pueden hacerlo por motivos prácticos, como ganar en capacidad expresiva o adaptarse a nuevas realidades, inexistentes hasta el momento. Pero también, y más a menudo, lo hacen por la pereza de sus hablantes, que van desechando las formas que encuentran más complicadas de pronunciar o conjugar, o que directamente desconocen debido a una formación deficiente. Se produce entonces un inevitable conflicto, que tiene en un lado a la mayoría de hablantes -que van imponiendo las formas incorrectas a fuerza de su uso generalizado-, y en el otro a los hablantes más cultos, que se niegan a adoptar lo que según el buen uso del lenguaje no son más que vulgarismos o barbarismos.
En la España actual este conflicto se ha hecho especialmente acusado, pues la comodidad material no ha redundado en una mejora de la educación, más bien al contrario. Una actitud demasiado laxa por parte de educadores y padres, así como una igualación de las clases sociales hacia abajo, han propiciado un uso relajado e impropio de la lengua, aquejada en de multitud de formas vulgares que no es ya que se hayan extendido, sino que se están imponiendo claramente, amenazando con extinguir y dejar en el olvido a las expresiones correctas. A lo largo de dos artículos voy repasar las formas incorrectas más extendidas actualmente en nuestro país. En esta primer entrega me centraré en la lengua hablada, mientras que el segundo estará dedicado a las aberraciones escritas. 

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